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VOLUNTARIAS

La Asociación de Caridad de San Vicente de Paúl es una de las primeras que existen en atención a los pobres. Recientemente hemos celebrado el 350 aniversario de su fundador.

San Vicente era un sacerdote que vivía en Chantillon, un pueblo de Francia. Tenía especial dedicación a los pobres. Un día, cuando iba a decir misa, fue avisado que una familia necesitaba ayuda y la madre estaba muy enferma. Como no le daba tiempo a ir antes de celebrar la Eucaristía, decidió hacerlo después. En la homilía habló de la importancia de la solidaridad, les pidió disculpas a los fieles por hacerla más corta al tener que atender a la familia necesitada. Cuando llegó a casa de aquella, encontró a varias personas que les estaban ayudando, lo que hizo pensar que hay mucha gente caritativa, pero a veces no ayudan porque no saben a donde acudir ni como actuar. Se dio cuenta que era necesario organizar.

Así, creó la primera fundación de “Damas de la Caridad”. Eran unas cuantas mujeres que se ofrecieron para ayudarle como voluntarias. Las preparó y les propuso que no fueran todas juntas a la misma persona si no que se repartieran visitando una o dos a cada familia. Como había pobreza, les llovían las peticiones y las voluntarias que le ayudaban, al ser mayoría amas de casa y madres de familia, no daban abasto. Entonces fundó las Hijas de la Caridad que, al no tener obligaciones familiares, disponían de más tiempo para atender a los pobres. Se dio cuenta que la pobreza no está sólo en lo material, sino también en lo espiritual. Hay personas que tienen todas sus necesidades cubiertas pero les falta la paz del espíritu, por carecer de valores morales, que son los que más llenan y los que hacen sentirse bien.

Hay una frase que ha dado la vuelta al mundo de una persona muy rica que dijo: “Soy tan pobre que sólo tengo dinero” (Cristina Onassis). Era necesario evangelizar y llevar la palabra de Dios a la gente para que encontraran la paz, alimento para el espíritu. Surgieron los Padres Paúles con sus maravillosas conferencias, su asesoramiento y su ayuda. Están extendidos por todo el mundo igual que las Hijas de la Caridad.

El trabajo desbordaba a San Vicente pero encontró a Luisa de Marillac, seguidora de su obra y una gran organizadora. Dedicaron su vida entera a los pobres. Y como decía San Vicente, los pobres son nuestros amos y señores.

La asociación está establecida en 50 países y cuenta con 250 000 voluntarias y gran cantidad de Hijas de la Caridad y Padres Paúles atendiendo a los pobres. La sede central se encuentra en Bruselas y es reconocida como Organización Internacional Católica. Entiende la caridad como exigencia de la justicia.

En Hellín, las Hijas de la Caridad se establecieron en el año 1951 y desde esta fecha, siempre se han dedicado a trabajar por aquellas personas más desfavorecidas y marginadas. Para conseguirlo se reúnen los primeros lunes de mes .En estas reuniones se exponen los casos de necesidad que cada una conoce para tratar de ayudar. San Vicente decía: “Cuando encontréis que alguien os necesita, ir corriendo a socorrerle, como el que va a apagar un fuego”. Y eso hay que aprenderlo.

La Asociación colabora con Cáritas en los talleres, en el ropero y en todo lo que necesitan. Hay varias voluntarias ayudando a los Hermanos de la Cruz Blanca y en el Asilo de Ancianos; atendemos a mujeres que sufren malos tratos u otras dificultades sociales . En total la Asociación hellinera está formada por 60 personas, pero necesitamos más. Sobre todo gente joven, con ganas de sentirse útiles y querer hacer algo por los demás. Merece la pena dedicar algo de nuestro tiempo libre para ayudar al prójimo y, si lo conseguimos, nos damos cuenta que recibimos más de lo que damos. “Servir a los pobres es servir a Jesucristo”.